Le
tomaron las medidas
Pozo Molina, paraje del centro-oeste
formoseño, habitado por aborígenes
de la etnia pilagá, está ubicado
al norte-oeste de Las Lomitas. Región
cubierta de montes, entre cuyos árboles
se destacan quebrachos y algarrobos, parte de
los cuales fueron inundados por aguas pertenecientes
al otrora belicoso río Pilcomayo, el
que, debido a su penetración en zona
de llanura perdió su impetuosidad y fue
sedimentando su cauce, tornándose divagante.
Es así que se forma un sistema hídrico
variable que abarca zonas de playas, palmerales
y monte fuerte. Allí donde el agua permaneció
mucho tiempo, murieron primero las palmeras
y luego los árboles que pueblan la región,
que, por ser preponderantemente de características
de madera dura, quedaron enhiestos, perdiendo
sus hojas y ramas menores, conservando sólo
su fuste y ramas principales. Como el agua fluye,
traslada simientes de otras especies tal como
una enredadera que creció exuberante,
cubriendo totalmente a estos gigantes de pie,
tapando su color gris-marrón , adosándoles
una diversidad de verdes cuya tonalidad varía
de acuerdo a la estación climática.
Los lugareños llaman a estas poblaciones
"champales". Visualizo a este ambiente
como fantasmas . . . verdes. Es el lugar preferido
para las curiyú, que aprovechan las mejores
ramas horizontales para tomar sol en horas de
la siesta. En invierno, claro.
El bañado, denominado en la zona "La
Estrella", abarca en longitud alrededor
de la mitad oeste de la provincia, y su ancho
varía según las avenidas anuales
del Pilcomayo y de su distribución con
respecto a la hermana República del Paraguay.
Como dije, abundan árboles de madera
dura, entre los que destaco a uno de ellos que
últimamente está siendo quizás
. . . sobre-explotado. Inclusive en regiones
tan aisladas como Pozo Molina, entraron los
obrajeros y comenzaron a tumbar a cuanto algarrobo
sano encontraron.
Es el árbol pan para los naturales de
la zona, pues en verano viven de su fruta, la
""algarroba", chaucha que se
puede comer directamente o elaborada como harina,
con la cual, luego de amasarla bien, hacen el
"bola-anchao". Si la fermentan hacen
chicha o aloja, bebida que consumen en fiestas
de carácter religioso. De su corteza
extraen tinturas con las que colorean sus artesanías
y con su madera se fabrican muebles, aberturas.
Para los animales . . . es la vida. Además
de alimentarse varios meses al año, los
pájaros anidan en sus ramas y los animales
de mayor porte disfrutan de la frescura que
da su sombra, protegiéndolos de la canícula
que el verano formoseño brinda con mayor
amplitud a la hora de la siesta.
Justamente aquí, en este lugar, vivía
Algarrobín, que creció luchando
duramente con el medio que lo rodeaba, con los
de su misma especie y otros, padeciendo sequías
largas en las cuales algún incendio estuvo
a punto de terminar con su vida. Aprovechando
al máximo la época de lluvias,
estirándose cuanto podía para
lograr un poco de sol en invierno, y así
año tras año. Al cabo del tercero,
tenía una altura respetable. Lindaba
los dos metros y medio, y ya su cuerpo dio vida
; unas pocas chauchas que fueron arrancadas
suavemente por guazunchos silenciosos. Al principio
sufrió por la pérdida, hasta que
un hermano mayor le contó que eso formaba
parte de la existencia. El guazuncho se nutría
de la parte externa de la fruta, pero no digería
las semillas que luego serían evacuadas
con las heces, que les serviría de abono,
esparciéndolas lejos.
Todas las primaveras Algarrobín pegaba
un salto en su crecimiento, produciendo mayor
abundancia de frutos. También a medida
que su copa se alejaba del suelo, aumentaba
su diámetro y por ende su sombra, donde
se cobijaban cada vez más numerosos y
diversos animales. Es así que fue testigo
de amores, nacimientos, huidas, peleas y hasta
muertes. En sus ramas construían sus
nidos variadas especies de pájaros, los
cuales le anunciaban el amanecer con la alegría
de su canto, casi todas las mañanas.
Digo casi, porque de vez en cuando un grupo
de cotorras bochincheras lo aturdían
en la época en que fructificaba.
Contempló alborozado cuando una mamá
guazuncho dio a luz y cómo el cachorrito
al poco tiempo correteaba alrededor de la madre
primero y luego de él. Sentía
como una caricia y un reconocimiento cuando
el pequeño lamía su agrietada
y rugosa corteza. En ese momento sacudía
sus ramas para que sus mejores y más
tiernas chauchas cayeran cerca del recién
nacido. Su premio era nuevas caricias a su tronco.
Preocupado, en otra ocasión, contempló
cómo una piara de majanes, luego de darse
una panzada con sus frutos, se tendía
a descansar y alguno de ellos intentó
afilar sus colmillos en él. Lo salvó
un majestuoso yaguareté que apareció
sigiloso y veloz ahuyentando a la piara que
huyó por el monte despavorida, todos
menos uno, un lechón mediano al que mató
de un certero zarpazo y al cual después,
muy orondo, devoró a sus pies.
Todo era natural, hechos crueles que formaban
parte de la vida. Así que vivía
feliz. Los hombres de la zona no lo molestaban,
sólo recogían de vez en cuando
sus frutos, o se subían a él para
sorprender y cazar alguno de los muchos animales
que venían en busca de cobijo. O a sacar
miel. Luego se alejaban.
Divisaba a lo lejos a hermanos suyos que seguramente
vivirían igual, con las mismas experiencias.
Pasaron los años y Algarrobín,
ya adulto, poseía una altura considerable,
un fuste recto y sano. Sus hojas brillaban con
esa luminosidad que da la salud y la felicidad,
cuando oyó crujidos raros en los montes
y empezó sentir malos presagios. Ruidos
tenues y . . . muy lejanos.
Poco meses después el sonido se acercó
y vio a sus hermanos mayores a los cuales había
alcanzado en tamaño, caer estrepitosamente.
Un halo de inquietud corrió a lo largo
de su cuerpo.
- ¿Qué pasa ? - preguntó
al voleo.
- ! Nos están matando ! - le contestó
un hermano .
El ruido se acercaba cada vez más y Algarrobín
se estremeció tan fuerte que todas sus
chauchas cayeron cuando unos hombres -más
blancos que los naturales- se acercaron y no
recogieron sus frutos.
Con una cinta metálica, le tomaron las
medidas.
Pilagá : aborigen que habita en el centro-norte
de la provincia.
Guazuncho : corzuela.
Maján : chancho del monte.
Yaguareté : tigre americano.
Quebracho : árbol de la llanura chaqueña
de madera muy dura.
Curiyú : boa del tipo constrictor.
Obrajero : persona que trabaja cortando árboles.
Bolaanchao : bola de harina hecha con la trituración
de las chauchas del algarrobo.
Cuando le toman las medidas a un árbol,
es por que está apto o probable para
ser talado.
Agrim. Carlos Felipe Arnedo
Naturalista (EAN)
Publicado en la revista "Polígono
de cuentistas"
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