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En
los tiempos de antes había, en el lugar donde
está hoy el lago Lolog, otro mas chico que los
indios llamaban Paila-Kó, que quiere decir agua
tranquila. Ese "lago dormido" era visitado a menudo
por una paisana de una tribu araucana que tenía
sus toldos ahí. Era una muchacha muy bonita, a
quien le gustaba ver su imagen en las aguas al
bañarse allí y se peinaba después con un peine
de oro o buscaba mejillones y cangrejos en las
aguas serenas. Era la única muchacha de ese paraje
que visitaba a menudo el "laguito tranquilo",
circundado por un Menuko (ciénaga donde pueden
hundirse las personas o animales) muy grande,
que sólo los iniciados podían pisar sin peligro.
La pequeña pescadora estaba siempre contenta y
cantaba y era la alegría de sus viejos padres.
Cierto día, cuando la muchacha contemplaba su
reflejo en el lago al peinar sus cabellos de oro,
distinguió en las aguas una cabeza masculina que
la asustó mucho. A poco, salió de las aguas un
hombre de aspecto noble y extraña vestimenta,
quien la acompañó hasta su casa y les dijo a sus
padres que se llevaría a la muchacha a sus dominios.
-Soy un rey -dijo- y necesito una reina... Los
padres de la muchacha no querían consentir: pidieron
gracia, lloraron, gritaron, pero la pequeña pescadora
tenía muchos deseos de irse con el extranjero...
A ella, el hombre surgido de las aguas le parecía
hermoso y además estaba muy elegante, con su traje
ceñido de muchos colores, y hecho con finísimas
sedas. Alrededor del cuello lucía puntillas tan
delicadas que resultaban transparentes. El idioma
que hablaba era un poco distinto que el de ellos
pero lo entendían. Los pobres padres se quedaron
muy tristes cuando se llevaron a la muchacha y
pasó un año sin que supiesen de ella. Un día apareció
en la ruka (casa mapuche) suntuosamente ataviada,
justo al año de su partida. La muchacha se negó
a responder a todas las preguntas que le hicieron
y sólo dijo:
- No puedo quedarme mucho tiempo con ustedes porque
me espera mi esposo el rey. Lo rodean las mujeres
mas hermosas que se puede imaginar, pero yo soy
la mas linda de todas y es a mí a quien quiere
mas que a nadie. No se preocupen por mí, soy feliz.
Sólo los extraño a ustedes. Pero los visitaré
todos los años. Ahora tengo que irme. Que vivan
muy contentos hasta mi regreso.
La madre de la muchacha lanzó un grito y la aferró
para que no se marchase. El Chau (padre) viejo
atrancó la puerta de la ruka y se puso de espaldas
contra el tronco que sujetaba el cuero. Los dos
le pidieron a la muchacha que se quedara ya que
ella era su única alegría y ellos estaban muy
viejos. Pero cuando la muchacha se esforzó en
apartar al Chau de la puerta se oyó el estallido
del trueno, tan violento, que la tierra tembló.
Una aparición, un ser de algún mundo desconocido
se presentó, tomó a la muchacha y se la llevó.
Un velo suave y liviano como los copos de la nieve
cubrió a los padres. La vieja paisana se acercó
el velo a la cara, también lo tomó el Chau y en
ese preciso instante la ruka empezó a hundirse
poco a poco, con los indios adentro. La tierra
temblaba mas y mas y todo el Menuko se fue hundiendo.
Sólo el laguito Paila-Kó quedó, pero se fue agrandando
mas y mas hasta engullirse el gran reino del paraje
de Menuko. La ruka de los indios está ahora en
el fondo del lago y siguen viviendo eternamente
porque el velo de la muchacha los envolvió. Los
antiguos creen que esa pareja suele verse en el
fondo del lago que han llamado Lolog porque ocupa
una depresión en la tierra, llaman a la muchacha
"Almita" y dicen que no conviene herir su memoria
ni molestar su espíritu con un exceso de curiosidad.....
Recopilado por Bertha Eoessler, 1954
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