| Travesía
Sobre las Sierras de los Comechingones
Era
nuestro primer campamento largo. A pesar de que
cada uno ya tenia en sus venas, sus corazones
y en el recuerdo muchos campamentos anteriores,
algunos mas que otros, era nuestro primer campamento
como el “grupo de lideres”, como nos hacemos llamar.
Un grupo de gente con muchas cosas en común como
la pasión por la naturaleza, la tranquilidad,
la ronda con amigos y sobre todo el deseo de transmitir
estos sentimientos a muchos más, con ganas de
conocer nuevos amigos y nuevos lugares.
De
primera no era un campamento convencional. Para
muchos la zona era relativamente familiar por
nuestras salidas durante el secundario, también
bajo la conducción de Felipe, pero la diferencia
de este era el carácter de “travesía de exploración”
cosa que ninguno de nosotros (los “alumnos”) había
hecho nunca. Sabíamos de donde salíamos, y a donde
teníamos que llegar pero el camino lo iríamos
trazando con ayuda de una carta topográfica (río los sauces 3366-12), una brújula y mucha curiosidad.
Y
así salimos, el miércoles 11 a la noche desde
el colegio secundario, que todos compartimos varios
años, rumbo a la provincia de San Luis. Llegamos
cerca del mediodía al camping “Aguas buenas” ubicado
a 7 km de villa Larca, y, básicamente, en un lugar privilegiado paisajísticamente,
a orillas del arroyo seco. Tras la preparación
obligatoria del equipo, y el reparto de peso (la
comida, carpa, etc.) por equipos estabamos listos
para salir. Desde allí se iniciaría nuestra caminata
que prometía perdurar por 4 días hasta volver
a ver un foco de población.
 
Este
primer trayecto transcurrió en su totalidad por
las orillas del arroyo, de muy bella morfología,
y con una particularidad, orgullo de los paisanos
del lugar, las piedras de colores, verdes y violetas
en su mayoría. Contamos con la muy útil compañía
de Daniel, dueño del camping que nos acompaño
para indicarnos el mejor camino y de paso contarnos
algunas cosas interesantes del lugar (hace unos
años funcionaba allí una importante mina de uranio,
ahora abandonada). Llegado el atardecer, y luego
de 6 Km aproximadamente de caminata, buscamos
un lugar propicio para establecer las carpas y
descansar por lo menos por esa noche. Como sabíamos
que la leña no abundaría en el resto de la travesía
aprovechamos para hacer ahí, esa noche, nuestro
obligado fogón, con charla entre todos y guitarreada
incluidas. Al otro día nos esperaba otro largo
trayecto así que procuramos hacerlo corto y dedicar
el resto de la noche a dormir.
A
eso de las 11:00 de la mañana redistribuimos los
pesos otra vez y salimos. Esa noche teníamos que
encontrar algún lugar razonablemente cerca de
nuestro destino final, el Cerro Aspero en la provincia
de Córdoba, esa era la única idea de plan. A partir
de aquí nos fuimos separando del arroyo Seco y
comenzamos una subida bastante mas pronunciada
para acercarnos a los filos de la cadena montañosa.
Creo que el resto del equipo coincide conmigo
en que en este tramo recorrimos los más lindos,
variados y particulares paisajes de toda la travesía.
Corresponde a la llamada zona “de las ventanas”
caracterizados por la marcada erosión del viento
y las aguas a través del tiempo. Luego de unos
agotadores 10 Km de subidas y bajadas continuas,
y con torrencial y sorpresivo chaparrón incluido,
llegamos a la unánime conclusión que era el momento
de “armar campamento” otra vez. El lugar elegido
estaba sobre el macizo del cerro Lajudo (todavía
en San Luis), a unos 50m sobre un pequeño arroyo,
que nos proveyó del agua para beber, cocinar (unas
exquisitas lentejas con tuco en mi caso), etc.,
un poco inclinado (lo que nos dificulto la noche
en las carpas), y relativamente reparado del viento.
A nada de esto le pudimos prestar atención cuando
ya transcurrida parte de la noche, pero aun despiertos,
se nos largo una tormenta con fuertes vientos
lo que obligo a algunos a salir en el medio de
ella a ajustar, valga su nombre, los vientos y
alguna que otra estaca par evitar que se nos inunde
el rancho. Afortunadamente superamos esta nueva
prueba y pudimos pasar “placenteramente” nuestra
segunda noche en “el más hermoso medio de la nada”.
 
Era
ya el tercer día y todavía estabamos muy lejos,
era lo único que sabíamos, no teníamos una idea
exacta de la distancia real. La propuesta inicial
fue caminar con todo. Esta etapa iba a ser mayormente
pampa, más fácil para caminar, y teníamos la obligación
de llegar hasta el cerro Aspero donde pasaríamos
la tercera y ultima noche. Ya empezamos a tomarle
el ritmo a la caminata cuando nos topamos con
una muy alegre sorpresa. Parecía mentira pero
allí estaba, una casita con humo que le salía
de la chimenea. Nos acercamos y así conocimos
a Raúl Zabala encargado del “puesto” desde hace
61 años ya. Nos invito a conocer su humilde morada,
nos convido unos sagrados mates y por suerte nos
dio una idea de nuestra ubicación y del camino
a seguir. Estabamos mejor de lo que pensábamos.
Retomamos con ánimos renovados la ultima parte,
que a pesar de nuestra “relativamente ventajosa”
posición nos cobro nada menos que 28 Km para dejarnos
ver el techo del tan buscado albergue. Este era
una de las habitaciones de “Wolfram” un antiguo
establecimiento minero enclavado en la montaña
sobre la confluencia de tres ríos (del bosque,
del medio y tigre), que fue abandonado y hoy convertido
en un acogedor destino para acampantes de todas
las edades y gustos, administrado por “José” y
una cálida compañía. Muchos conocíamos este lugar
ya y a pesar de que no era nada nuevo nos impacto
como la primera vez su mística y belleza únicas,
y le recomendamos una visita a cualquiera.
Comer
y dormir bajo techo nos sentó muy bien a todos,
pero rápidamente la naturaleza dicto que cayéramos
en profundo sueño.
La
mañana siguiente la ocupamos en organizarnos,
deshacernos de toda la basura producto de los
días pasados, recorrer un poco, sacar fotos, dejar
nuestros sentimientos en el diario del lugar (leer
los escritos antes también), etc. La hora de partir
se dio a las 13:00, el destino la ruta “cuesta
del tren” donde nos esperaba el transporte que
nos llevaría a la cuidad de Merlo. La despedida
costo un poco, y ayudaba en esto que faltaban
caminar 12 Km más. Este ultimo tramo consistió
casi en su totalidad en seguir un camino de tierra,
aparentemente nuevo, que es muy usado por motociclistas
y automovilistas, que une el asfalto de la ruta
con el pueblo de Wolfram. Ya estabamos curtidos
en esto del transporte pedestre así que no nos
fue de mayor dificultad. Luego de aproximadamente
3 horas y media, con almuerzo incluido, llegamos
al Minibus. Nos dio mucho gusto volver a encontrarnos
con Marcelo, nuestro fiel chofer (amigo seria
mas adecuado). No mucho después estabamos llegando
al camping municipal de Merlo donde nos duchamos,
descansamos y como trofeo comimos unas, más ricas
que nunca, pizzas de muzzarella.
La
tarea estaba cumplida, el trayecto recorrido y
el escenario conocido. Nos llevamos muchos gratos
recuerdos, algunas inconscientes enseñanzas y,
sobretodo renovadas ganas de seguir con esto por
siempre.
Agradecemos
a todos los que nos ayudaron durante la aventura
y a todos los que la hicieron posible.
Esperamos
que sea hasta pronto, muchas gracias, los alumnos
del curso de lideres. |